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lunes, abril 09, 2007

VIOLENCIA INJUSTIFICADA

Palabras prestadas


Juro que no es por vagancia, pero cuando uno encuentra que otro ha dicho con las palabras justas algo que uno quería decir, vale citarlo ¿o no es así? Hoy "pido prestado" un texto de Mex Urtizberea. Mex es un tipo que admiro muchísimo, por todo lo que hizo y hace y, sobre todo, porque soy de la generación que se crió haciendo zapping entre programas como el de Flavia y el de Xuxa, o como Chiquititas, que, si bien nos gustaban, es lógico que "algo" no tenían. Y de golpe, en un momento, cambiabas de canal y tenías a alguien que había entendido la premisa de "son chicos, no estúpidos" y que hacía un programa en donde los chicos podían divertirse inteligentemente. (si, hablo de Magazine For Fai).

Todo este preámbulo para citarlo, pero el tema central es otro, y es la represión en Neuquén que terminó con la muerte de Carlos Fuentealba. Cada vida es importante, cada caso es vital, y en cada caso se encierra una esencia, una filosofía, un mensaje. Carlos no sólo es Carlos sino que ese disparo fue para todos los docentes, para todos aquellos que sienten que tienen derecho a reclamar por lo que es justo y lo hacen, y para la sociedad entera.

Por eso, quería hoy compartir las palabras de Mex con todos ustedes.

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Pegarle a un maestro

por Mex Urtizberea
Lo sabe un chico de cuatro años, de salita celeste, que ni siquiera sabe hablar correctamente.

Lo sabe un chico de seis años, que ni siquiera sabe escribir.

Lo sabe un chico de doce años, que desconoce todas las materias que le deparará el secundario.

Lo sabe un adolescente de diecisiete años, aunque sea la edad de las confusiones, la edad en la que nada se sabe con certeza.

Lo saben sus padres.

Lo saben sus abuelos.

Lo sabe el tutor o encargado.

Lo saben los que no tienen estudios completos.

Lo sabe el repetidor.

Lo sabe el de mala conducta.

Lo sabe el que falta siempre.

Lo sabe el rateado.

Lo sabe el bochado.

Lo sabe hasta un analfabeto.

No se le pega a un maestro.

No se le puede pegar a un maestro.

A los maestros no se les pega.

Lo sabe un chico de cuatro años, de seis, de doce, de diecisiete, lo saben los repetidores, los de mala conducta, los analfabetos, los bochados, sus padres, sus abuelos, cualquiera lo sabe, pero no lo saben algunos gobernadores.

Son unos burros.

No saben lo más primario.

Lo que saben es matar a un maestro.

Lo que saben es tirarles granadas de gas lacrimógeno.

Lo que saben es golpearlos con un palo.

Lo que saben es dispararles balas de goma.

A los maestros.

A maestros.

Lo que no saben es que se puede discutir con un maestro.

Lo que no saben es que se puede estar en desacuerdo con lo que el maestro dice o hace.

Lo que no saben es que un maestro puede tener razón o no tenerla.

Pero no se le puede pegar a un maestro.

No se le pega a un maestro.

A los maestros no se les pega.

Y no lo saben porque son unos burros.

Y si no lo saben que lo aprendan.

Y si les cuesta aprenderlo que lo aprendan igual.

Y si no lo quieren aprender por las buenas, que lo aprendan por las malas.

Que se vuelvan a sus casas y escriban mil veces en sus cuadernos lo que todo el mundo sabe menos ellos, que lo repitan como loros hasta que se les grabe, se les fije en la cabeza, lo reciten de memoria y no se lo olviden por el resto de su vida; ellos y los que los sucedan, ellos y los demás gobernadores, los de ahora, los del año próximo y los sucesores de los sucesores, que aprendan lo que saben los chicos de cuatro años, de seis, de doce, los adolescentes de diecisiete, los rateados, los bochados, los analfabetos, los repetidores, los padres, los abuelos, los tutores o encargados, con o sin estudios completos:

Que no se le pega a un maestro.

No se le puede pegar a un maestro.

No debo pegarle a un maestro.

A los maestros no se les pega.

Sepan, conozcan, interpreten, subrayen, comprendan, resalten, razonen, interioricen, incorporen, adquieran, retengan este concepto, aunque les cueste porque siempre están distraídos, presten atención y métanselo en la cabeza: los maestros son sagrados.

jueves, octubre 20, 2005

SOLUCIONES SERIAS Y NO TANTO
Libro que enseña no muerde

Comencemos por lo inevitable: las tendencias. No sólo la pobreza está ligada a un bajo nivel cultural, sino que a veces la falta de educación es lastimosamente voluntaria. Trataré el tema de la pobreza más adelante. Comencemos por los adolescentes y su autoritaria reina: la moda.

En las clases altas y medias, hace unos años, no era tan habitual entre los jóvenes, por ejemplo, tener celular. Hoy en día, si no lo tenés “no existís”, y el universo del aparatito ruidoso se infiltró en el de las zapatillas John-Foos, la comida chatarra y la música pop (si, el Universo Adolescente, extraño mundo paralelo por el que todos hemos transitado alguna vez). ¿A qué quiero llegar con todo esto? Simple: si está de moda, el adolescente lo hace. Como leí hace poco en una remera, “si el suicidio estuviera de moda se extinguirían los chetos” (reemplace Ud. lector “chetos” por “adolescentes” y el resultado es el mismo) Entonces, con este grupo social, el de los adolescentes de clases medias y altas, la solución es fácil: ¡Pongamos de moda los libros! Que Floricienta aparezca leyendo por lo menos 5 minutos por capítulo, que Avril Lavigne le cante a los libros (“Oh book you are so rocking, I read you and I fly away, oh book, rock and roll with me and my skate”), que las remeras digan “Yo leo, ¿y qué?” (¡eso! ¡actitud símil- rebelde!) y así acercaremos a nuestros jóvenes a los libros. En algún momento dirán “Che, esto de leer debe de tener onda, ¿sino por qué en la tele leen?” y se acercarán a vaciar compulsivamente sus bolsillos en las librerías.

Con los adultos de estas clases sociales, se podría fomentar por los medios que leer da status y los llevará a mejorar sus posibilidades de trabajo (nada engañoso, convengamos).

Bajando a la realidad, el verdadero problema es la pobreza, la exclusión social y con ella educativa que lleva a que, entre otras cosas, la lectura sea casi inexistente entre los pobres. Más allá de programas de alfabetización, deberían realizarse entre los alfabetizados programas de entrega de libros, primero acercándoles lecturas que se asemejen a su realidad social, con personajes con quienes puedan llegar a una empatía. Luego, créanme, el bichito de la lectura pica y el círculo continúa. Para facilitar este proyecto, es necesaria la instalación de bibliotecas populares en cada barrio, en donde también se dicten clases y talleres literarios.

¿Y los niños? No nos olvidemos de ellos. Una buena idea sería incluir libritos pequeños junto con las golosinas (un momento... eso existía cuando yo era pequeña, ¿es que tan vieja soy?) y también promoverlo en televisión, entre canciones de Piñon Fijo, como para ir haciendo el laburito fino desde que son bien pequeños. También los Power Rangers podrían leer, aunque sea el manual de instrucciones de esos aparatejos ridículos que usan, ¿o acaso nacieron sabiendo como usarlos? Y por supuesto, hay que desterrar la palabra “nerd” de su vocabulario, y que en los dibujitos el que lea sea el más popular e inteligente, y no el aburrido y excluido.

De a poco así la sociedad comenzaría a leer, en un proceso lento pero creciente. ¿No sería bueno un mundo en el que estuviera de moda la lectura y no el consumo de tal o cual ropa de marca o música prefabricada?