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miércoles, octubre 17, 2007

Cinco siglos celebrando la muerte

Les dejo posteada, acá también, la nota que escribí para la página de noticias de Radio Jai (donde estoy escribiendo ahora, los invito a pasar y leer, actualizamos todos los días http://www.radiojai.com.ar/) acerca del 12 de octubre. Es, de alguna forma, una versión un poco más "académica" y elaborada de la nota que escribí hace justo un año sobre el mismo tema, aunque la bronca y el sentimiento de asco ante la fecha, como notarán, sigue siendo el mismo.

Cinco siglos celebrando la muerte
¿La llamada “Conquista de América” es un hecho histórico para celebrar o para conmemorar con dolor? ¿Por qué celebramos un genocidio?.
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“Si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia”, cantaba Baglietto. ¿Hasta dónde es propio hablar de un “descubrimiento” de América en 1492? Propongo comenzar a analizar el error desde lo lingüístico. Descubrir implica encontrar algo que nadie antes había encontrado. Y, a decir verdad, América siempre estuvo allí, con sus selvas y sus ríos, sus riquezas y miserias, sus imperios majestuosos y los humildes pueblos nómades.
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América, en realidad, fue descubierta hace alrededor de 40 mil años, durante la última glaciación. Al congelarse las aguas del Estrecho de Behring, se creó un “puente” que unió nuestro continente con el asiático. De allí, provinieron las primeras oleadas de pobladores. En migraciones que ocuparon varias generaciones, fueron descendiendo hasta ocupar, hace unos 9 mil años, la zona de Tierra del Fuego. Varios miles de años después, el europeo llegó y con su soberbia dijo descubrir una tierra perdida.
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Europa creyó ver en América un mundo no civilizado, ignorando, por ejemplo, las complejas economías del imperio Inca, los avances astronómicos de Mayas y Aztecas, la brillante arquitectura de estos mismos pueblos y los elaborados sistemas de valores. Despreció a ese mundo, era diferente, creía en otros dioses y hablaba otras lenguas. Entonces, comenzó la llamada “conquista”.
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‘Conquista’ significó la apropiación de las riquezas. Europa se enriqueció a costa de la explotación de América, cuyas riquezas, al no reconocer como “pueblo civilizado” a ningún pueblo aborigen, pertenecían por derecho a los conquistadores que las iban descubriendo. Así, el oro y la plata eran trasladados impunemente a Europa. Gran parte de las riquezas acumuladas por las naciones y la burguesía durante la época del mercantilismo, que hicieron posible, a posteriori, la llamada Revolución Industrial, provinieron de América.
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‘Conquista’ significó la imposición de una cultura y de una religión, por el simple hecho de creerlas superiores, y porque, además, veladamente, eran también instrumentos de dominación, y de legitimación de toda la conquista. La evangelización y ‘occidentalización’ del indio fueron excusas para que los más atroces crímenes se cometieran. Además, se negó la identidad de los diferentes pueblos aborígenes. Volviendo a lo lingüístico, notemos que se acuño el término ‘indio’ para todos los pueblos sin distinción, que eran, en realidad, un conglomerado de pueblos muy diferentes que sólo tenían en común vivir en América y ser objetos de la misma conquista, de la misma explotación. Un casual error de Colón (recordemos que creyó llegar a la India, y por ello habló él de ‘indios’) fue más fuerte que la identidad de estos pueblos. El término europeo, aunque errado, prevaleció.
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Pero, por sobre todo, conquista significó un enorme genocidio. ¿Soportaríamos que cualquier continente, nación, o grupo celebrara la Shoá (N: el Holocausto nazi) ? Pensemos el mismo ejemplo con el genocidio armenio, o con cualquier otra situación comparable.
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Aún hoy, la “Conquista de América” se celebra, y, si bien en los últimos años hubo muchos avances en la conciencia de lo que realmente sucedió, en las escuelas, por ejemplo, se sigue omitiendo gran parte de la historia. Pocos son los casos en que en una escuela primaria se les cuenta a los alumnos que durante los siglos que duró la colonización murieron 70 millones de personas, es decir, el 90% de la población aborígen.
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70 millones de personas. Setenta. Para dimensionarlo, pensemos que es una cifra similar al doble de la población argentina actual. Es inevitable sentir escalofríos. Sabemos, eso sí, desde la primaria, que uno de los primeros desembarcos de Colón fue en la isla que luego denominaron “La Española” (actualmente, Haití y Santo Domingo). Lo que muchos desconocen es que en ese momento, la isla contaba con un millón de habitantes. Y tan sólo cincuenta años después, quedaban solamente 500.
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Los casos particulares, aunque su relato pueda ser crudo y parecernos sensacionalista, también son situaciones que ayudan a tomar dimensión del genocidio. En una carta fechada en 1516, un grupo de sacerdotes dominicos escribe, con horror, al Ministro de Carlos V que ciertos hombres “vieron una india que tenía un niño en los brazos, que criaba, y un perro que ellos llevaban consigo tenía hambre, tomaron el niño vivo de los brazos de la madre, echáronlo al perro y así lo despedazo en presencia de su madre.” Otro fragmento también da testimonio de la crueldad que los llamados “conquistadores” propiciaban, incluso, hasta a los niños. “Los tomaban de las piernas y los aporreaban en las peñas, o los arrojaban en los montes, para que allí muriesen.” Otros documentos indican que este tipo de sucesos eran moneda corriente, parte ya de la cotidianeidad de la conquista.
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La población americana fue diezmándose no sólo por el exterminio directo, es decir, el asesinato, sino que gran parte de la matanza se le debe a la explotación, tanto en las plantaciones como en las minas. La expectativa de vida de quienes eran explotados en las minas apenas superaba los 25 años. Además, los traslados forzosos de hombres a los lugares de trabajo fueron paralizando la formación de familias y la procreación. Muchas veces, ésta era evitada deliberadamente, ya que los aborígenes no querían tener hijos cuyo destino inequívoco sería la esclavitud. Traer un niño a este mundo significaba ofrecerlo a la explotación de los conquistadores. Otro factor importante fueron las enfermedades que los europeos trajeron consigo. Eran enfermedades desconocidas que se difundieron rápidamente entre la población.
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Así, poco a poco, la América previa a 1492 fue quedando sepultada, en la misma fosa que la historia misma de este exterminio. Ya nada podemos hacer por los que ya no están, por pueblos enteros que han desaparecido y que hoy sólo existen en libros de historia. Pero sí podemos desenterrar la historia, y dejar de festejar un falso y edulcorado “encuentro de culturas”, para pasar a conmemorar (y no ya celebrar) algo que sólo puede definirse con la idea de genocidio.

martes, octubre 17, 2006

12 de octubre

Un momento... ¿qué festejamos?
Otro doce de octubre, los mismos actos escolares. Con carabelas, con un afiche azul pegado en el escenario, haciendo las veces del vasto mar. Con un niño disfrazado de Colón, sintiéndose un héroe, protagonista. Mamá aplaude. Los marineros bajan, se encuentran con un grupo de aborígenes sonrientes, todos se abrazan, bailan y cantan. Alegría, ternura, dulzura. Un cruce feliz de culturas.

¿No es hora de que les digamos la verdad a los chicos? Señores docentes: ¿toda la vida los conquistadores van a ser unos señores buenos que vinieron a traer la civilización (claro, los otros eran todos unos salvajes) a estas tierras? ¿Sarmiento siempre va a ser bueno, impoluto e indiscutible? ¿Por qué Roca sigue siendo el héroe bélico que organizó la llamada “conquista del desierto”? ¿Saben los chicos qué fue la conquista del desierto? ¿Por qué San Martín sigue cruzando los Andes en un caballo blanco, acaso no es más heroico decir que cruzó enfermo?

“Si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia”, cantaba Baglietto. Los que ganaron pintaron flores en donde llevaban armas. Escribieron otra cosa, ocultaron sus crímenes. Muchos siguen creyéndoles, y festejan alegres el “día de la raza”. ¡de la RAZA! ¿De dónde sacaron esa frase horrenda, de “Mi lucha”?

El día de la raza deriva de ese peligroso darwinismo social enraizado en nuestra sociedad desde hace siglos. Porque, en el fondo, lo que oficialmente se festeja, la visión ficticia de la cosa, es que vinieron unos señores muy civilizados (¿civilizadísimos, tal vez, porque conocían muchos métodos para torturar y asesinar?) a llevarles la gloriosa occidentalidad a esta manga de salvajes que había acá. Ni siquiera me conforma el otro título que pusieron ahora “día de la diversidad racial” o algo así. Es un eufemismo hipócrita. ¿Por qué no festejamos que somos todos humanos y listo? Pero no en un día determinado, todos los días, practicando la igualdad, el respeto por el otro, la paz, conceptos que parecen sacados de un libro de ciencia ficción.

Como contrapartida, como protesta ante este lamentable doce de octubre, las comunidades aborígenes festejan el 11 de octubre como el último día de libertad. Ayer pasé por el Congreso, donde había festejos, y me dio tristeza lo poco concurrido que era el festejo. Ninguna ONG, ningún partido político, nadie apoyándolos. Claro, acá no daban ni panchos, ni cocas, ni planes trabajar. Solamente un poco de música, de añoranza a esos tiempos que las generaciones actuales nunca conocieron, de sentimiento de comunidad y de unión.

La llamada conquista de América fue una serie de torturas, fue un pueblo que diezmó a otro, una masacre. Fue un proceso en donde una cultura se impuso sobre otra a la cual destruyó. ¿Fue algo digno de que festejemos?
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(Nota: este artículo fue escrito el mismo 12, se suponía que sería publicado en esta fecha, pero por problemas técnicos y urgencias "parcialísticas" su publicación fue postergada)