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miércoles, enero 02, 2008

LITERATURA

El barrio del Ángel Gris



A la magia que, de por sí, posee el barrio de Flores, Alejandro Dolina le suma sus propias leyendas. Nadie cree en los fantasmas, pero que los hay, los hay...



El barrio es, para muchos, ese espacio donde simplemente vivimos, pero para otros, para los más románticos, es ese espacio que es parte del corazón, que entre sus calles encierra a los amigos, los primeros amores, los éxitos y frustraciones.

Así concibe Alejandro Dolina al barrio de Flores. Y si algo no falta en sus escritos, es la magia, la mística, además de los personajes melancólicos y entrañables. Los hombres que él coloca en el barrio de Flores son tristes e interesantes, tiernos y con una cuota de eterna búsqueda, de intentos fallidos que llevan a otros intentos. El poeta Jorge Allen, siempre enamorado de una mujer imposible o de un viejo amor, el escritor Manuel Mandeb, autor de una interminable lista de obras sobre trivialidades, el ruso Salzman, perdido en las garras del juego, o el músico Ives Castagnino, rodeado de melodías que dejó inconclusas...

En las calles de Flores, para Dolina, se encierran innumerables misterios, y estrafalarios personajes, como la mujer de la calle Aranguren que, por su belleza, muchos sospechan que es el mismísimo Diablo, o el contestador de reportajes, un hombre que dedicó su vida a ser un entrevistado profesional, aunque sin haber hecho nada importante.

Pero la estrella del barrio de Flores, el verdadero personaje principal de sus relatos, es el Ángel Gris. Él es el ángel del barrio de Flores, si es que cada barrio tiene su propio ángel. Los “Refutadores de Leyendas”, esos mismos que de niños se empecinaban en contarle a sus compañeros de escuela que Papá Noel no existía, prefieren no creer en él, aunque los “Cronistas soñadores” aseguran que el fantasma es real, tan real como la geografía del barrio al que Dolina homenajea.

Y hablando de esa geografía, según el “Atlas Secreto de Flores”, en alguna de las plazas del barrio hay un jacarandá que silva canciones. Cerca de la vía del tren, se encuentra el Corredor del olvido, que muchos dicen útil a la hora de olvidar tormentosas penas, aunque Manuel Mandeb halla intentado usarlo para olvidarse de uno de sus tantos amores, y lo único que consiguió fue olvidar la identidad de la señorita que amaba, pero la pena siguió intacta. También en la calle Pedernera, los geógrafos describen un almacén que vende objetos perdidos, donde uno puede recuperar, por ejemplo, su propia muñeca de la infancia...

Muchos misterios encierra el barrio de Flores, aún sin imaginar estas mágicas situaciones, y muchos más si queremos creer en las leyendas que con maestría nos relata Alejandro Dolina. Además, leer sus libros siendo vecino de Flores, es una experiencia mágica, que no es igual para quien desconoce dónde queda la calle Aranguren. Es maravilloso tomar algo de la inocencia de los “Cronistas soñadores”, e imaginar que, quizás, el diablo vive a cinco cuadras de nuestra propia casa, envuelto en el cuerpo de una hermosa mujer.

sábado, marzo 25, 2006

LITERATURA



Aguinis: historias en la Historia


Sepa el lector que esta nota tratará acerca de un escritor, pero, según las circunstancias del destino y/o si así el protagonista de estos párrafos lo hubiese deseado, podría tratarse de un famoso pintor o pianista, ya que supo destacarse en estas disciplinas durante su juventud. O bien, si esta fuese una revista científica, podríamos hacer referencia, con el mismo nombre y apellido, a un neurocirujano que, cuando ejercía, ya varias décadas atrás, fue muy reconocido en Europa. Pero las cosas se dieron de modo tal que hoy el multifacético Marcos Aguinis es reconocido mundialmente (ha recibido el premio Planeta, fue nombrado Caballero de las Letras y Artes por Francia, etc.) por su producción literaria, además de por ejercer el periodismo (actualmente es columnista en La Nación).

Dentro de ella, también se puede observar cierta heterogeneidad, si hablamos de los géneros que abarcó. Aguinis escribió, en su mayoría, novelas, entre las que se incluyen “La matriz del infierno”, “La gesta del Marrano” y “Los iluminados” y ensayos sociopolíticos acerca de nuestro país, como “El atroz encanto de ser argentinos”, o “¿Qué hacer?”. Pero también publicó libros de cuentos, entre ellos, “Operativo siesta” e “Importancia por contacto”. Además, publicó dos biografías: la del sabio Maimónides, y otra que versa sobre la vida de Guillermo Brown.

Su estilo es siempre dinámico, atrapante, y con un recurso que agiliza y enriquece el relato: la narración desde el punto de vista de cada protagonista. Aguinis suele regalarnos ficción sumergida en los hechos más terribles de la historia, logrando una descripción detalladísima de cada contexto histórico. Además, en sus textos siempre está presente el tema de la discriminación (generalmente religiosa) y los derechos humanos.

En “La matriz del infierno”, hallamos un retrato minucioso de lo que fue la década del 30’, tanto en la Argentina, donde se vivía el primer golpe militar de nuestra historia, como en Alemania, azotada por el régimen nazi. “Los iluminados”, se sumerge en varias épocas infernales al mismo tiempo, como la discriminación y las sectas de la década del cincuenta en EEUU, y la última dictadura militar en Argentina. “La gesta del marrano” cuenta la historia de un joven que descubre su herencia judía y decide defenderla ante la Inquisición, aunque esta nefasta institución esté dispuesta a torturarlo y humillarlo sin piedad alguna. En “Asalto al paraíso” trata un tema más actual, también doloroso: el atentado a la Embajada de Israel. Sólo abandona la temática político- social en “Profanación del amor”, una novela acerca de cómo se vive el romance a los cuarenta años.

Las novelas de Aguinis son una buena forma de sumergirnos en épocas que quizá muchos de nosotros no hemos vivido, y sus ensayos políticos y notas periodísticas evidencian que también es un lúcido analista. Quizás ese sea su mayor mérito: poder entretener y educar al mismo tiempo a sus lectores.

viernes, noviembre 18, 2005

LITERATURA

Ficciones cabalísticas
Entre las tantas culturas y religiones que fascinaron a Jorge Luis Borges, se encuentra el judaísmo. En una ocasión, el maestro de la literatura expresó que “Todos -quien más y quien menos- somos griegos y judíos”. Razón no le falta: el pensamiento occidental tiene en nuestro pueblo y en el de Platón y Aristóteles sus cimientos más fuertes. Pero, dentro del judaísmo, lo que más atrapó al escritor fue la Kabbalah. Borges coincide con ella en la especial función del Verbo en el Universo, en la capacidad creadora de la Palabra.

Para los cabalistas, la Torá encierra todos los secretos del Universo. Borges hace una analogía de la Torá en “La biblioteca de Babel” (Ficciones, 1956), que entre sus anaqueles también incluye todas las combinaciones posibles de la existencia. La biblioteca, en realidad, es el Universo. Existe, dentro de ella, un libro que contiene a todos los otros. Los hombres recorren incesantemente la biblioteca en su búsqueda. En la Kabbalah, el Libro (la Torá) no está oculto, sino que la búsqueda de lo secreto es dada dentro del Libro, dentro de sus infinitas interpretaciones. Sin embargo, tanto los cabalistas como los personajes borgianos persiguen el mismo objetivo: desentrañar los secretos del Universo y comprender la Creación.

Pero, tal como sucede en “El Aleph” (del libro homónimo, 1957), resulta imposible abarcar, contemplar, y (más difícil aún) relatar a los demás lo Infinito. Existe la necesidad, el deseo de comprender lo Eterno, de entender la Perfección, pero nuestra finitud se interpone entre ese Conocimiento y nuestro ser. Cuando, en el cuento, Borges puede por fin contemplar el Aleph, descubre que no puede relatarlo de la misma manera en que lo vio. El Aleph, ese “punto donde convergen todos los puntos”, que habitaba el sótano de la casa de la calle Garay, tiene cierto paralelo con el concepto cabalístico de la letra Aleph: es una letra que no puede ser pronunciada, pero contiene en sí misma a todas las otras 21 letras, y, por lo tanto, como las letras componen toda la Creación, el Universo se halla por completo en la Aleph.

Así como sucede con la Biblioteca y con el Aleph, Borges toma numerosos elementos de nuestra tradición, como por ejemplo leyenda del Golem, sobre el cual escribió un poema, o el Nombre oculto de Di’s, obsesión de los protagonistas del cuento policial “La muerte y la brújula” (Ficciones). La precisión y profunda mística de la Kabbalah, aunque no en todos los casos de forma directa, impregna toda su obra. Resulta irresistible para todo buen lector la ensoñadora experiencia de leerlos y de hallar las huellas de nuestras raíces en ellos.

martes, octubre 18, 2005

Libros


LOS DATOS
Título: "Memoria de mis putas tristes"
Autor: Gabriel García Márquez
Editorial: Sudamericana
Precio: $ 25 (Argentina)
Cant. de páginas: 109

Noventa años de soledad

Un periodista y escritor colombiano, longevo y con un cierto aire melancólico, sencillo e intelectual a la vez. Tiene miedo a envejecer, cosa que niega continuamente que le esté sucediendo ¿Es la descripción del autor o del personaje? Le sienta perfectamente a cualquiera de los dos. Gabriel García Márquez decidió hablar en su último libro, “Memoria de mis putas tristes”, de un tema que ahora está conociendo desde adentro: la vejez. Como todo tópico que trata, lo hace con total maestría para reflejar las situaciones cotidianas con gran realismo, así como aquellos pintores cuyos cuadros parecen fotografías, pero con un agregado de sublime belleza.
El protagonista es un hombre que tiene un peculiar antojo de cumpleaños: quiere tener los servicios de una prostituta virgen durante la noche en la que se transformará en un nonagenario. Pero sus noventa años le revelan que la vida de los burdeles no lo hizo feliz, como hasta entonces creía, sino que lo convirtió en un hombre solitario que nunca se enamoró. Y aquí vuelve García Márquez a otro tema del que es experto en escribir: la soledad. Pero en este caso es aún mayor que la de los personajes de “Cien años de soledad” (la novela que en 1982 lo hizo merecido ganador del premio Nobel de Literatura) porque Úrsula y Aureliano Buendía tenían, por lo menos, a su numerosa familia a su alrededor. El anciano de “Memoria de mis putas tristes” está solo, sin más compañía que su empleada doméstica, un gato que recibe de regalo en su cumpleaños y sus innumerables recuerdos.
En la redacción, a pesar de que goza de auténtico prestigio y respeto, comienza a quedar desactualizado, ya sea con los adelantos técnicos así como también con las formas de escribir. Es como una pieza de museo en vida, el recuerdo de una generación de periodistas de la que sólo quedó él, lo que alimenta su nostalgia. Allí es cuando el hombre realiza un racconto de su larga vida, y comienza a arrepentirse, pero no en vano, porque emprende una búsqueda: la de cambiar su modo de vida, lo cual lo llevará también a buscar un vuelco en su estilo profesional.

Seguramente este libro tiene muchos matices autobiográficos, a pesar de que el protagonista sea algo mayor que el autor, y es la prueba concreta de que la pluma de “Gabo” no se ha oxidado, sino que se encuentra tanto o más sabia que de costumbre.
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